En un lugar de España, de cuyo nombre no quiero acordarme... vino un buen día al despacho nuestro querido cliente Ramón.
Don Ramón presente una sordera grave, no nos podemos comunicar practicamente con él. Nos enseña su móvil, un motorola de tapa para que mediante SMS nos podamos entender.
Acude al despacho porque su empleada domestica le ha robado varias piezas de oro.
"Me roba y encima me denuncia", con esa frase nos desmonta. "¿Como que te ha denunciado?", le decimos.
Resulta que la señora, cuya nacionalidad obviaremos, le ha denuncia por un presunto delito de lesiones y amenazas; concretamente refiere en su denuncia que Don Ramón le ha realizado un mataleón. Ramón, por dios, nuestro Ramón. 78 años, sordo, y más pequeño que la propia denunciante. No dabamos crédito. Las funcionarias del Juzgado de Sevilla se echan a reir, a llorar de la risa, ante semejante despropósito de denuncia.
Viendo las actuaciones, efectivamente corroboramos que la denuncia indica que Ramón le ha hecho un mataleón a la denunciante... peeeeeero, aparece tambien un parte de lesiones emitido por el Servicio de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío. "SIN LESIONES". No contenta con todo lo anterior, la denunciante solicita valoración por el médico forense, con el resultado de "SIN LESIONES".
Evidentemente, nuestro querido Ramón, queda absuelto.
Nosotros hacemos una reflexión: ¿Por qué un Juzgado de Instrucción tan saturado como el de Sevilla admite una denuncia de este tipo cuando no hay lesiones? ¿Por qué nosotros como profesionales y Ramón como denunciado tenemos que perder el tiempo en estas cosas?
En fin, gajes del oficio... supongo.